La liebre europea (Lepus europaeus) es una de las especies introducidas en la Patagonia que ha generado mayor adaptación y controversia. Aunque no es nativa de la región, su presencia se ha vuelto tan común que muchos la asocian directamente con el paisaje patagónico. Este artículo explora su historia, características biológicas, impacto ecológico y situación actual en el sur argentino con profundidad y datos verificados.

Origen y Llegada a la Patagonia

La liebre europea fue introducida en Argentina a fines del siglo XIX, específicamente en 1888, con el objetivo de diversificar la fauna para la caza deportiva. Los primeros ejemplares llegaron desde Alemania a estancias de Río Negro, donde se aclimataron antes de dispersarse por toda la región.

Un dato poco conocido es que las primeras 12 parejas liberadas cerca de Bariloche se multiplicaron exponencialmente. Para 1910, ya habían colonizado hasta el sur del Chubut, avanzando a un ritmo de 25-30 km por año según registros del Instituto de Diversidad y Ecología Austral (IDEAus-CONICET).

«En solo dos décadas, la liebre europea ocupó un territorio mayor que toda Alemania, demostrando una capacidad de adaptación sin precedentes en la Patagonia» — Dr. Javier Puntieri, Investigador Principal del CONICET.

Biología y Reproducción: Una Máquina de Supervivencia

La llamada liebre patagónica desarrolló características únicas para prosperar en el ambiente hostil:

Datos Clave:

  • Camadas: 3-4 por año (con picos de 5 en buenas temporadas)
  • Crías por parto: 2 a 4 (excepcionalmente 5)
  • Gestación: 42 días (la mitad que un conejo)
  • Madurez sexual: 6 meses en hembras, 8 en machos
  • Longevidad: 5-7 años en libertad (récord registrado: 9 años)
  • Tamaño adulto: 50-70 cm de largo (sin incluir cola)
  • Peso promedio: 3-5 kg (los machos son más grandes)

Este potencial reproductivo explica por qué, según cálculos del INTA, una sola pareja podría originar hasta 180 descendientes en 3 años bajo condiciones ideales.